miércoles, 13 de agosto de 2008

Tempestad de almas, Clarice Lispector

Ah, si lo hubiera sabido, no nacía, ah, si lo hubiera sabido, no nacía. La locura es vecina de la más cruel sensatez. Devoro la locura porque ella me alucina calmosamente. El anillo que tú me diste era de vidrio y se quebró y el amor no terminó, pero en lugar de él, el odio de los que aman. La silla es un objeto. Inútil mientras la miro. Dime, por favor, qué hora es, para que yo sepa que estoy viviendo en esta hora. La creatividad es desencadenada por un germen y yo no tengo hoy ese germen, pero tengo una incipiente locura que en sí misma es creación válida. Nada más tengo que ver con la validez de las cosas. Estoy libre o perdida. Voy a contarles un secreto: la vida es mortal. Mantenemos ese secreto en mutismo cada uno frente a sí mismo porque conviene, si no, sería volver cada instante mortal. El objeto silla siempre me interesó. Miro ésta que es antigua, comprada en un anticuario, y estilo imperio; no se podría imaginar mayor simplicidad de líneas, contrastando con el asiento de fieltro rojo. Amo a los objetos en la medida en que ellos no me aman. Pero si no comprendo lo que escribo no es mi culpa. Tengo que hablar, pues hablar salva. Pero no tengo una sola palabra que decir. Las palabras ya dichas me amordazan la boca. ¿Qué es lo que una persona le dice a otra? Además del "Hola, ¿qué tal?". Si tuvieran la locura de la franqueza, ¿qué se dirían las personas, unas a otras? Y lo peor sería lo que se diría una persona a sí misma, pero sería la salvación, aunque la franqueza esté determinada por el nivel consciente y el terror de la franqueza venga de la parte que está en el vastísimo inconsciente que me liga al mundo y a la creadora inconsciencia del mundo. Hoy es día de mucha estrella en el cielo, por lo menos así promete esta tarde triste que una palabra humana salvaría.
Abro bien los ojos, y no cambia: sólo veo. Pero el secreto, no lo veo ni lo siento. La victrola está rota y vivir sin música es traicionar la condición humana que está rodeada de música. Además, la música es una abstracción del pensamiento, hablo de Bach, Vivaldi, de Haendel. Sólo puedo escribir si estoy libre, y libre de censura, si no, sucumbo. Miro la silla estilo imperio y entonces es como si ella también me hubiera mirado y visto. El futuro es mío en tanto vivo. En el futuro se va a tener más tiempo de vivir, y de pso, escribir. En el futuro: si lo llego a saber, yo no hubiera nacido. Marli de Oliveira, yo no te escribo cartas porque sólo sé ser íntima. Además, sólo sé ser íntima en todas las circunstancias, por eso, soy muy callada. Todo lo que nunca se hizo, ¿se hará un día? El futuro de la tecnología amenaza destruir todo lo que es humano en el hombre, pero la tecnología no alcanza a la locura, y en ella es donde lo humano del hombre se refugia. Veo las flores en el jarrón: son flores del campo, nacidas sin ser plantadas, son lindas y amarillas. Pero mi cocinera dice: qué flores tan feas. Sólo porque es difícil de comprender y amar lo que es espontáneo y franciscano. Entender lo difícil no es mérito, pero amar lo fácil de amar es un gran paso en la escala humana. Cuántas mentiras estoy obligada a decir. Pero me gustaría no estar obligada a mentir conmigo misma. Si no, ¿qué me queda? La verdad es el residuo final de todas las cosas, y en mi inconsciente está la verdad que es la misma del mundo. La Luna está, como diría Paul Éluard, éclatante de silence. Hoy no sé si vamos a tener Luna visible, pues ya es tarde y no la veo en el cielo. Una vez miré de noche el cielo, con la cabeza echada para atrás, y me quedé tonta de tantas estrellas que se ven el campo, pues el cielo del campo es limpio. No hay lógica, si se piensa un poco, en la ilogicidad perfectamente equilibrada de la naturaleza. De la naturaleza humana también. Qué sería del mundo, del cosmos, si el hombre no existiera. Si yo pudiera escribir siempre así, como estoy escribiendo ahora, estaría en plena tempestad del cerebro que es lo que significa brainstorm. ¿Quién habrá inventado la silla? Alguien con amor a sí mismo. Inventó, entonces una mayor comodida para su cuerpo. Después los siglos se sucedieron y nadie más prestó realmente atención a una silla, pues usarla es casi automático. Es preciso tener valor para hacer un brainstorm: nunca se sabe lo que puede venir a asustarnos. El monstruo sagrado murió: en su lugar nació una niña que estaba sola. Bien sé que tengo que parar, no por causa de falta de palabras, sino porque estas cosas, y sobre todo las que sólo pensé escribir, no suelen publicarse en periódicos.
Este relato de Clarice Lispector pertenece a su libro Silencio.
Yo lo tengo traducido por Cristina Peri Rossi, a quien también admiro.
Debajo del título del relató, en lápiz escribí: marzo de 1996, porque a veces me da por intentar no perderme en los tiempos. Las partes que están en negrita son las que entonces subrayé. Claro que doce años después no todas tiene sentido, pero Clarice Lispector sigue siendo una de mis lecturas de la red que tejo para protegerme.
Espero que les resulte interesante.

3 comentarios:

Delfín dijo...

Isaskun, hoy cometí un error y borré tus comentarios de la página, gracias por la visita.

Mañana mismo agrego tu blog a nuestros links.
abrazo

Delfín

siempreconhistorias dijo...

Volví a comentar no breve, Delfín. Encantada de leerte. No creo que merezca todavía la entrada en las minificciones que visito a diario. Me siento muy desarmada con un profesor de su nivel.
Gracias por todo,
Izaskun

PeZ! dijo...

wow! que genia...
yo simplifique la tecnologia a un simple cepillo de espalda. ES innegable que siempre es mejor una mano humana que rasque, viva el proceso de ubicar el lugar del malestar y ayudar.

La mayoria prefiere comprarse un cepillo de espalda, que enseñarle a otro cuál es el lugar y esperar que el otro lo pueda ubicar. Hay alli siempre un destiempo.