sábado, 25 de octubre de 2008

MARTA

Quiero hoy iniciar una serie de semblanzas de personas que son fundamentales en mi vida. No aparecerán por orden de importancia porque sería yo incapaz de ordenar personas ya que apenas puedo ordenar pensamientos. Aparecerán por capricho y sin seso, sólo porque me acuerdo, porque forman parte de mí, porque las quiero. Para inicar la serie elijo a Marta que está de nuevo en esta isla y que desde hace ya trece años no se ha ido de mi vida y espero que nunca lo haga.

Marta fue mi alumna desde los diez años hasta los quince. En aquella época yo solía pedir un diario de clase y de pronto Marta dejó de limitarse a comentar cómo había ido la sesión y pasó a escribir cosas como las que siguen:

"A veces pienso que el tiempo es un remolino, en el cual si uno no anda se queda atrapado" o

"Este tema esconde en sus rincones ideas ocultas, como mi cabeza".

Son, los anteriores, ejemplos tomados del diario de clase que escribía Marta con 11 años. Pero ahí no queda la cosa. Marta se convirtió para mí en una niña flotador, porque desde que salió de la escuela y hasta el día de hoy (a sus veinticuatro años) me han salvado sus palabras y sus músicas muchas, muchas veces. Porque Marta cada año el día 18 de mayo me hace los mejores regalos posibles: uno o varios cedés de la música que ha vivido ese año (el cedé del tiempo que vivió en Lisboa es para mí imprescindible) y el diario (manuscrito o tecleado) de sus sentimientos. No creo que se pueda tener mejores obsequios.

Por eso hoy, Marta:

niña ojos que me introdujo en la fantasía que no tuve en la infancia, me dio un peluche oso que conservo, llevó al colegio a sus invisibles fenicios que alegremente repartía, me presentó a su tortuga Margarita que obtuvo el permiso para asistir a clase con su piel de tela y sus gafas de alambre;

niña delgadez que me leyó los ánimos y me hizo sentir que tenía que ser fuerte;

niña artista que siempre vuelve.

Marta, flotador imprescindible.

Gracias. Este es uno de los trocitos lisboetas.


La ciudad del otoño






Sobre la plaza pasaba el cielo como un país diferente.
Lisboa era un río.
Todas las mañanas me despertaba el hombre que vendía paraguas. Gritaba: “Parachuva, parachuva, parachuva”. Su voz se ramificaba y subía pegada a la fachada de los edificios, como una raíz invertida, desde él hacia el aire, abriéndose y uniéndose en el centro de la plaza, y luego explotaba como las palmeras de fuegos artificiales.
Nada podía escapar a su sonido; saltaba y caía en pedazos violentos como el agua en la ducha.

Los días que no llovía vendía pegamento de contacto y fundas de plástico para guardar tarjetas de visita, y calendarios místicos.
Vivir era estar atada al extremo del hilo de la ciudad. Lisboa tiraba por mí y me sumergía dentro, en El País de Alicia. Más antiguo, más nostálgico, más decadente, muy cicatriz… de esencia de raíz: la ciudad del otoño.



6 comentarios:

sergio astorga dijo...

Izaskun,siempre con historias,me agrada que pongas tu inconsciente a tu servicio.
El trocito lisboeta es de un candor encantador. Digo candor en el sentido ánimico, limpio, gracil.
Un abrazo con semblante.
Sergio Astorga

Escrituraleatoria dijo...

Me encanta esta relación maestra-alumna que nunca entra en una jerarquía fija, sino que siempre se confunden maestro y alumno. Yo tengo aún cariños profundos a mis maestros. Y creo que esos alumnos que se van más allá de la lista y del año escolar son los que confirman la vocación magisterial. Hermosa historia. Saludos.

PIZARR dijo...

Izaskun, esta semblanza tuya de hoy, es de las cosas más bonitas que he leído.

Me ha emocionado la relación con tu alumna, me han sorprendido sus letras de 11 años y me ha encantado el texto de Lisboa.

Y efectivamente opino como tú, no podrían hacerte mejores regalos que los que te hace.

Pero sabes una cosa... lo que mas me gusta es pensar en cuantísimo debe ella de agradecerte el haber sido su maestra esos años, porque seguro que mucho de lo que hoy es te lo debe a ti.

Por cierto... he descubierto a partir de tu perfil el blog de Sergio y me ha encantado como dibuja/pinta... Una gozada.

Un beso Izaskun

siempreconhistorias dijo...

Sergio, tu presencia ya está en mi inconsciente que escribe casi firme con la mano izquierda.
Abrazo con los ojos cerrados.

siempreconhistorias dijo...

Miriam, la vocación es para mí parte esencial del magisterio, a veces dolorosa parte, pero querida. También yo sigo guardando un gran recuerdo de algunos maestros de infancia, de juventud y hasta de la Universidad en el caso de Arón.
Gracias por venir.
Un beso,
Izaskun

siempreconhistorias dijo...

Pizarr, me encanta verte por aquí o por allá, encontrarte y sentir que todo mejora. Gracias por tu comentario que me hace sentir mucho mejor y pensar que sí, que Marta siente que le serví de algo y descubre un poco extrañada que también ella me sirvió a mí.
Lo de Sergio es capítulo aparte: pinta, escribe, piensa y yo lo siento casi como un tutor. Un hombre magnífico.
Cuídate mucho, preciosa, muchísimo.