domingo, 12 de octubre de 2008

Ocho años de vida exterior

El día 12 de octubre, a las casi nueve de la noche, hace ocho años rompí aguas en la Facultad de Filología de La Universidad de La Laguna. El día 13, viernes en aquel año 2000, nacía Adalberto (en la foto con el balón bajo el brazo) sin hispanidades, razas, ni pilares. Mientras me funcione alguna neurona no podré olvidarme.


Patrick había conseguido ese año su primer trabajo de ayudante de dirección en un extraordinario cortometraje, El cumpleaños de Carlos, dirigido por José Javier Rodríguez Melcón y producido por nuestro ahora queridísimo Rafael Álvarez. La peli, que recomiendo, requería el trabajo actoral de un nutrido grupo de niños que se seleccionaron en mi colegio y a los que yo acompañaba a diario al rodaje con el bombo en ristre. Estaba lloviendo y rodábamos interiores en un sótano que en la peli representa una cárcel y que en realidad era aula de la Facultad que nombré. Quedaba un plano, ya era de noche y yo fumaba un Camel mientras comentaba con Nacho (producción) que me daba la sensación de que no llegaría a la fiesta fin de rodaje. De pronto se me hizo un charco entre las piernas y, sin decir nada, fui al baño, observé el líquido como me habían enseñado, comprobé que no tenía olor y respiré hondo. José Javier le daba indicaciones a Bentor sobre la mirada que debía poner para el último primerísimo plano, Patrick explicaba la toma a los foquistas, el equipo trabajaba rápido para montar el último plano. Me acerqué a Patrick y le dije que nuestro hijo estaba ya sin bolsa amniótica. No pudimos ir a la fiesta fin de rodaje.


Ayer celebramos el octavo cupmpleaños de Adalberto. Rafa Álvarez, por supuesto, llamó desde Madrid. Mis hijos, mi sobrina, los invitados niños y niñas jugaron, comieron, pelearon, se arañaron con zarzas, se quisieron y se divirtieron en la fiesta en Tacoronte. Yo quedé agotada de tanto sandwich, golosina, fregadero de platos, conversación con padres y, por fin, parrilla. Dormí bien. Hoy sé que no lo haré porque mi memorioso cuerpo no deja que el cerebro lo domine todo. Hoy recordaré, de nuevo.
Ahora acompañaré a mis hijos a sus sueños.


6 comentarios:

sergio astorga dijo...

Izaskun, confites y canelones para Adalberto y para ti un abrazo que te anime a contarnos mas historias, son muy sabrosas y esta coincidencia entre la filmación y el estreno en primer plano de un nacimiento es en verdad deliciosa. Cuéntanos reales o imaginarias más historias, cotidianas, como si fueran tejidos que poco apoco van creciendo. Abrazo de piloncillo.
Sergio Astorga

siempreconhistorias dijo...

Gracias por tu dulce abrazo, Sergio (tuve que buscarlo en el diccionario y creo que el piloncillo tiene su equivalente canario en la rapadura palmera).
Cónico abrazo, para ti.
Izaskun

Escrituraleatoria dijo...

Hola. Me encantó el relato de la coincidencia del fin del rodaje con el nacimiento, una película comenzaba. Por suerte el cuerpo no deja que la memoria lo domine todo, so pena de terminar como Funes el memorioso, ese memorable personaje de Borges. Saludos.

siempreconhistorias dijo...

Gracias por tu visita. Me siento honrada. Mi cuerpo está indómito y el pobre Funes no podrá con él. Espero que te encuentresd mucho mejor.
Un abrazote
Izaskun

PIZARR dijo...

Pues felicidades para tu peque Adalberto.

Especial momento y manera de venir al mundo ¿ verdad ?

UN BESO IZASKUN

siempreconhistorias dijo...

Sí, Pizarr, especiales siempre los nacimientos. Tremendos instantes, esos.
Un beso.