miércoles, 8 de octubre de 2008

LA PARADA de Izaskun Legarza

Quisiera yo encontrar La Parada que me permitiera como a este señor bajar esta tarde en Santiago de Chile y pasarme por el estreno de Las amargas lágrimas... Rebuscaré la tienda por mi ciudad. Por de pronto aquí va el relato. A las personas que entren de visita un abrazo a tiempo.




LA PARADA
de Izaskun Legarza.

Entré a la tienda con la absoluta certeza de que sería mi última parada. Tenía que serlo. Necesariamente aquella tienda de pequeña entrada y escasa luz pondría fin a mi travesía. Había motivos sobrados para que así fuera, y de alguna manera fue.
Y el caso es que yo no había reparado nunca en la presencia de aquel espacio. Pero no me extrañó. Está en una calle que no frecuentaba a diario y, aunque camino continuamente el centro de esta pequeña ciudad en la que llevaba diez años encerrado, pensé que la casi ausencia de escaparate y la falta de letreros luminosos justificaban mi desconocimiento. Entré convencido de que era el lugar y, sin fijarme siquiera en el nombre, subí suspirando el escalón de acceso. Me dirigí con voz cansada al chico del mostrador y le solicité la miniatura del guerrero japonés que tanto ansiaba mi hijo. No puedo reproducir el alivio que sentí cuando el joven me informó de que lo tenía en el almacén y que lo subiría en cinco minutos si me ofrecía a cuidarle el local ese tiempo.
Por supuesto que me ofrecí. ¡Estaba a punto de alcanzar mi meta y regalarle a mi hijo su objeto soñado!
Mientras el dependiente se internaba en el subsuelo me dediqué a husmear por la tienda. No recordaba haber estado en ninguna parecida y perdí la noción del tiempo examinando, lupa en mano, las infinitas miniaturas que convivían en los armarios de puertas cristalinas. Me sentí observador de un universo en miniatura y respiré libre pese a mi claustrofobia y la angostura del espacio. Me noté descargado de mi asfixia crónica, como si hubiera salido de la ciudad, como si estuviera haciendo una breve parada en un viaje interminable. Estaba estirándome satisfecho cuando el chico reapareció con el preciado objeto en la mano. Mientras me explicaba la valía del diminuto guerrero saqué la cartera del bolsillo trasero de mi pantalón. Pagué, me despedí con un sentido “hasta pronto” y bajé el escalón con disgusto.
Caminé sintiendo que la ciudad me aplastaba. Anduve presto queriendo ver la satisfacción de mi hijo al abrir el obsequio que su madre y yo habíamos decido hacerle a costa de muchos esfuerzos económicos. Y es que Luis es nuestro único hijo y todo sacrificio nos parecía poco para demostrarle nuestro amor. Para intentar que no nos olvidara. Y más ese día, víspera de su traslado a Tokio para finalizar sus estudios de crítica flamenca.
Fue una noche inolvidable, llena de llantos y promesas, de fotos compartidas y canciones mal entonadas, de vino y recuerdos. Era nuestra última noche de pequeña familia provinciana. Y Luis se fue.
Mientras bajábamos del aeropuerto en el coche le comenté a Patricia que me gustaría que fuéramos a la tienda a contarle al dependiente, pero ella prefirió quedarse en casa y regresé solo a La Parada.
Hoy entré a la tienda con la confianza del hombre que llega a su hogar. Subí el escalón, como todos los días, satisfecho. Saludé cariñoso al chico y me dirigí a la parte trasera. Cuando salí estaba en una calle de Cuba. Sólo me extrañó las primeras veces. Ahora vivo en la ciudad que me encerró y salgo a diario desde mi parada. Recién llego Santiago de Chile.
Mi travesía terminó donde tenía que hacerlo.
Mis casas están en las fronteras. Patricia ya se acostumbró a los cambios de mobiliario aunque a veces prefiere esperarme sola en la vieja casa de familia pueblerina que siempre nos espera.

6 comentarios:

sergio astorga dijo...

Izaskun, cuando entre, ya no salí a la misma hora, tal vez el diccionario me ayude a encontrar lo que buscaba.
Un abrazo invisible pero cierto.
Sergio Astorga

siempreconhistorias dijo...

Sergio, tus visitas me permiten ignorar los relojes. Seguro que el diccionario te ayuda.
Desperté con el abrazo.
Abrazo de vida para ti.
Izaskun

PIZARR dijo...

Bellísimo relato Izaskun

Mira que si sigo leyendo, sigo escribiéndote y esto no puede ser... jajajaj... es todo un placer.

Un beso

siempreconhistorias dijo...

No sabes cuánto me alegro de que estés por aquí Pizarr. ¡No escribas hasta que no te den permiso! ¡Es una orden amorosa!
Gracias por volver de visita.
Un abrazo fuerte.
Izaskun

Mega dijo...

Buen relato, Izaskun. Consigues que la historia rezume magia y ternura a partes iguales. ;-)

Un saludo cordial

siempreconhistorias dijo...

Mil gracias mega. Tu comentario es un privilegio para mí. Me gustan las mareas de ternura.
Un abrazo,
Izaskun