martes, 2 de diciembre de 2008

LA NATURALEZA DEL AMOR, Cristina Peri Rossi


Me enamoré de Cristina Peri Rossi cuando leí El museo de los esfuerzos inútiles en el año de su publicación que fue el de vigésimo aniversario. Desde entonces, con los altibajos inherentes a mis horas he ido comprando, regalando, leyendo y disfrutando parte de su obra. Y siempre me ha reenamorado. En este momento tengo en casa Aquella noche, Te adoro y otros relatos, La ciudad de Luzbel, La nave de los locos y Cuentos reunidos. No sé lo que tendré mañana porque de pronto cobro y compro más libros y de pronto encuentro a alguien o recibo una visita y regalo un libro usado. Sé que la prosa y la poesía de esta autora me fascinan y que cuando releí en 1991 La nave de los locos escribí en la primera página: "Me hicieron falta treinta y dos años para entenderte aquí, y ahora, por fin, puedo escribir que te quiero." El relato que copio hoy me parece tristemente bello.

Espero que les guste.



LA NATURALEZA DEL AMOR
de Cristina Peri Rossi
Un hombre ama a una mujer, porque la cree superior. En realidad, el amor de ese hombre se funda en la conciencia de la superioridad de la mujer, ya que no podría amar a un ser inferior, ni a uno igual. Pero ella también lo ama, y si bien este sentimiento lo satisface y colma algunas de sus aspiraciones, por otro lado le crea una gran incertidumbre. En efecto: si ella es realmente superior a él, no puede amarlo, porque él es inferior. Por lo tanto: o miente cuando afirma que lo ama, o bien no es superior a él, por lo cual su propio amor hacia ella no se justifica más que por un error de juicio.
Esta duda lo vuelve suspicaz y lo atormenta. Desconfía de sus observaciones primeras (acerca de la belleza, la rectitud moral y la inteligencia de la mujer) y a veces acusa a su imaginación de haber inventado a una criatura inexistente. Sin embargo, no se ha equivocado: es hermosa, sabia y tolerante, superior a él. No puede, por tanto, amarlo: su amor es una mentira. Ahora bien, si se trata, en realidad, de una mentirosa, de una fingidora, no puede ser superior a él, hombre sincero por excelencia. Demostrada, así, su inferioridad, no corresponde que la ame, y sin embargo, está enamorado de ella.
Desolado, el hombre decide separarse de la mujer durante un tiempo indefinido: debe aclarar sus sentimientos. La mujer acepta con aparente naturalidad su decisión, lo cual vuelve a sumirlo en la duda: o bien se trata de un ser superior que ha comprendido en silencio su incertidumbre, entonces su amor está justificado y debe correr junto a ella y hacerse perdonar, o no lo amaba, por lo cual acepta con indiferencia su separación, y él no debe volver.
En el pueblo al que se ha retirado, el hombre pasa las noches jugando al ajedrez consigo mismo, o con la muñeca tamaño natural que se ha comprado.
Cristina Peri Rossi, La naturaleza del amor, en Cuentos reunidos,
Lumen, Barcelona, 2007, págs. 535-537.

11 comentarios:

Esponjita dijo...

Muy buen cuento. Es como una alegoría de los teólogos medievales y la búsqueda de Dios...

la esponja tomista

Escrituraleatoria dijo...

Nunca he leído prosa de Cristina Peri Rossi, adoro su poesía. De hecho, no me tocó tanto esta prosa, no sé por qué, demasiado banal en cuanto a las relaciones hombre-mujer. En cambio, este poema de despedida que escribió, me estremece:
LA PASIÓN

Salimos del amor
como de una catástrofe aérea
Habíamos perdido la ropa
los papeles
a mí me faltaba un diente
y a ti la noción del tiempo
¿Era un año largo como un siglo
o un siglo corto como un día?
Por los muebles
por la casa
despojos rotos:
vasos fotos libros deshojados
Éramos los sobrevivientes
de un derrumbe
de un volcán
de las aguas arrebatadas
y nos despedimos con la vaga sensación
de haber sobrevivido
aunque no sabíamos para qué.

"Babel bárbara" 1991

siempreconhistorias dijo...

Una esponjita tomista es una idea que Rodari no hubiera dejado pasar para elaborar fantasías. Voy ahora a visitarte.
Gracias y un abrazo.
Izaskun.

siempreconhistorias dijo...

El poema es magnífico, Miriam. Entiendo que el relato se te haya quedado en superficie, aunque desde la edad no sé qué decirte... Ahora en serio, tengo otra entrada de prosa en el blog que lleva el título de Punto y final y es de El Museo de los Esfuerzos Inútiles. Creo que te gustará más. (A mí me obsesionó mucho tiempo)
Un abrazo sin barbarie.
Izaskun

Maribel dijo...

Interesante relato, Izaskun, al margen de la lectura que se le quiera dar, y dejando a un lado superiodades e inferioridades, lo que está claro es que casi todos los amores se justifican por un error de juicio. Esa es la verdadera razón de amar.

Muy bello también el poema que nos puso Miriam.

Un abrazo.

sergio astorga dijo...

Izaskun, me encuentro cunfuso, como es natural, entre la espada y la palabra; entre la superioridad del que ama en relación al amado y los errores de juicio que toda pasión provoca, que nos dice Maribel, me quedo con la literatura, que la veo en el poema que nos comparte Miriam, el relato me parece debil como ensayo y difuso como cuento.
Un abrazo destemplado.
Sergio Astorga

siempreconhistorias dijo...

Eso si es que el juicio participa del amor, Maribel. Desde luego no lo hace de la pasión que nos muestra la autora en el poema que nos trajo Miriam y que me parece tremendo.
Un abrazo.

siempreconhistorias dijo...

Templa la voz y el abrazo, Sergio, que un error de elección por mi parte no le vale desconfianzas a esta autora que tanto admiro.
Un abrazo literario.
Izaskun

Cachalote dijo...

He recordado un fragmento de Moby Dick, que dice aproximadamente:

"Dios te ayude, viejo: tus pensamientos han creado un monstruo dentro de ti; y cuando un hombre (sic) hace de sí mismo un Prometeo por su intenso pensar, un cuervo se alimenta para siempre de esa víscera, y ese cuerpo es la propia criatura que él creó".

Melville no es un referente en mis lecturas, pero los fantasmas sí que son compañeros cotidianos...

Amar.
Ese concepto ícaro que se incendia con el sueño romántico de lo universal

(gracias a ambas, me gustó mucho)

siempreconhistorias dijo...

Gracias a ti, Cachalote, capacitado para citar a Melville y recordarnos esos monstruos que roen (en mi caso son más dientes que picos) las entrañas.
Amar.
Vivir.
Gracias.

Canadian Generic dijo...

Hermoso relato, pero tienes toda la razon, es muy triste.