lunes, 9 de marzo de 2009

BJORN O ... MI PRIMER RELATO

Hace unos años viajé por primera vez a Italia. Fue un viaje de trabajo que no me impidió disfrutar de Florencia, de Pisa y de Lucca, donde se desarrollaron las actividades previstas. Conocí lugares fantásticos y maravillosas personas a las que me sigue uniendo una profunda amistad: Lise, Marco, Danilla, Michela,... y Bjorn. Oso, me explicó, es el significado del nombre de este profesor noruego al que convertí en protagonista de mi primer relato.



Fueron días inolvidables aquellos pasados en Lucca. El trabajo intenso y en inglés (lengua hermética para mi, como todas las ajenas al español) me hacía sentir totalmente desbordada con frecuencia, pero los colegas europeos me brindaron un apoyo bestial. Me sentí capaz, integrada, normalizada en cierto sentido gracias, fundamentalmente, a Lisa, a Donatella y a Bjorn que desde sus dimensiones de vikingo orgulloso me conminaba a diario a respetarme practicando la tan de moda asertividad. -Coraje, Iza- me decía el profesor y me explicaba el valor ausente de rabia que debía aprender a usar para protegerme. No aprendí, pero entendí. Y me sirvió. Y escribí mi primer relato Bjorn o La habitación 217 o Las heridas de Ana.



Mucho tiempo después, cuando abrí este blog tras pasear en la añorada máquina de coser palabras, de Juan Yanes, publiqué el relato. En estos días Bjorn y Lise han estado en esta isla que sigo habitando y aunque ya no trabajo en la escuela que está en el proyecto nos hemos visto a diario, como buenos amigos que somos. La noche antes de su partida le di a Bjorn el relato manuscrito en inglés gracias a un extraordinario gesto de desprendimiento y conocimiento de mi cuñado Adalberto. A él le encantó, y a mí me ilusionó leerme en otra lengua. Por eso, por purita vanidad repito hoy aquí mi relato en español con la traducción de mi cuñado y amigo. Espero que les guste.








Bjorn or Room 217 or Ana’s wounds.





She opened the door of room 217 with the apathetic abruptness of someone who had been performing the same mechanical tasks every morning for more than fifteen years. Unhurriedly, swimming in the sound that flooded over her from her earphones, she gently pushed the metal trolley that carried bed sheets and towels. Only two more rooms and she would be finished with another working day.
She inhaled deeply the sweet scent of the linens, her eyes fixed on the enormous, calm and apparently protecting animal that was licking the wounded, naked, lifeless body of the old professor.
She couldn’t shout.
She didn’t want to.
Never before had she seen that placid smile on the lips of the woman she had known for so long.
The shrill ring of the alarm clock unexpectedly interrupted the disturbing look that the huge beautiful bear was giving her from the bed.
Ana got up and, with little enthusiasm, headed mechanically for the bathroom.
Under the invigorating spray of cold water, she tried to remember her dream. But she soon gave up and, while soaping herself, went mentally over the classes that she was to teach that morning. Too many years trying to convey her by now hesitant passion for mathematics. However, a smile travelled all through her body as she recalled that a new student would join her class that day.
She came out of the shower, determined to get dressed and perfumed with great care for her new student.
As she finished her class, she sighed deeply, feeling that multiple correlations had been once and for all understood. She picked up her notes while saying goodbye to the students and smiled warmly as the new young man came up to her extending his hand:
- Good morning, Professor, my name is Bjorn.
Barely one hour later they were entering the guesthouse that Ana had chosen many years ago as her residence, their hands tenderly yet tightly intertwined. It was he who resolutely grasped the keys hanging from the hand of the receptionist. The placid smile on Ana’s face contrasted with the flapping of her chest, passionate once again.
They walked up the two floors. When he closed the door, she was already waiting on the bed. Her wounds would be licked, at last.










viernes 19 de septiembre de 2008



BJORN O LA HABITACIÓN 217 O LAS HERIDAS DE ANA.



Abrió la puerta de la 217 con desganada brusquedad, como corresponde a quien lleva más de quince años realizando las mismas mecánicas tareas cada mañana. Sin prisa -nadando en el sonido que la inundaba desde sus auriculares- empujó suavemente el carro metálico que portaba sábanas y toallas. Tan sólo dos habitaciones más y terminaría otra jornada.



Inspiró profundamente el dulce perfume de la ropa con los ojos clavados en el inmenso animal que, sereno y aparentemente protector, lamía el cuerpo herido, desnudo, sin vida, de la vieja profesora.



No pudo gritar.
No quiso.




Nunca antes había visto esa plácida sonrisa posada sobre los labios de la mujer hace tiempo conocida.




El timbre estridente del despertadoro interrumpio de manera inesperada la inquietante mirada que el enorme bellísimo oso le brindaba desde la cama.




Ana se levantó y, con desgana, se dirigió mecánicamente al cuarto de baño.



Bajo el estimulante chorro del agua fría intentó recuperar la memoria de su sueño. Pero pronto desistió y, enjabonándose, respasó mentalmente las clases que debía dictar aquella mañana. Demasiados años intentando transmitir su ya dudosa pasión por las matemáticas. Sin embargo una sonrisa atravesó su cuerpo cuando recordó que un nuevo alumno se incorporaría es día a sus clases.



Salió de la ducha decidida a vestirse y perfumarse con esmero para su nuevo estudiante.









Al finalizar la clase suspiró profundamente sintiendo que las correlaciones múltiples habían quedado definitivamente aprehendidas. Recogió sus notas despidiendo a los estudiantes y sonrió cálidamente cuando el chico nuevo se le acercó y le tendió la mano:
-Buenos días, profesora, mi nombre es Bjorn.



Apenas había pasado una hora cuando entraban, las manos enlazadas con tierna fuerza en la pensión que muchos años atrás escogiera Ana como residencia. Fue él quien tomó, con firmeza, las llaves que pendían de la mano de la recepcionista. En el rostro de Ana una plácida sonrisa contrastaba con el aleteo de su pecho de nuevo apasionado.



Subieron caminando los dos pisos. Cuando cerró la puerta ella esperaba ya sobre la cama. Por fin iban a lamer sus heridas.
















12 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Como te dije:
Una habitación hermosa y tierna.

Besos.

ybris dijo...

Bello relato.
Del sueño a la realidad.
Mucho mejor la realidad ¿no?
Aunque el sueño la hiciera más deseable.

Gracias por tu visita y tus palabras.

Juanma dijo...

Maravilloso relato: tierno, evocador, sugerente.

Un abrazo.

marisa dijo...

Ese final es bellísimo Izaskun, bellísimo.Te confieso que en mis primeros años yo fantaseaba mucho con algún que otro alumno...En fin.Besos querida amiga

Maribel dijo...

Me encanta, Izaskun, y me encantan tus presentaciones, porque todo adquiere otra dimensión a partir de esos trocitos de tu propia vida que nos vas regalando. Sigue así.

Un abrazo.

sergio astorga dijo...

Izaskun, realidad y sueño, ficción y encuentro, todas se funden, cuál motiva a cual?, el deseo se cumple ya en acto ya en ausencia, tan poderosa es la necesidad de sanar las heridas reales o ficticias, no importa.
Un abrazo concreto.
Sergio Astorga

siempreconhistorias dijo...

No hay habitación tan tierna como tus palabras, querido Toro. Gracias por tus visitas.
Beso.

siempreconhistorias dijo...

Un honor tenerte aquí ybris. Al final parece que mi gusto por la poesía que me es creativamente ajena me provee de amistades. Seguiré visitándote.
Un abrazo.

siempreconhistorias dijo...

Muchas gracias por tu visita y tu comentario, Juanma. La ternura es mi defecto favorito pese a las caídas que me provoca.
Seguimos en contacto.
Besos.

siempreconhistorias dijo...

Querida Marisa, tus comentarios se han convertido en una imprescindible fuente de aprendizaje para mí. ¿Quién -con confesión o sin ella- no fantaseó alguna vez con algún alumno/a?
Un fuerte abrazo.

siempreconhistorias dijo...

Querido Sergio, necesidad imperiosa la de sanar heridas internas, externas, reales o soñadas. Y para la sanación los mundos se cruzan, los tiempos se pierden, las figuras se confunden... Sólo espero poder retornar entera de tanta mezcolanza.
Abrazo soñado.

siempreconhistorias dijo...

Perdón por el brinquito, Maribel, y muchas muchas gracias por tus comentarios. Doy lo único que tengo, lo vivido en la realidad o el sueño.
Felicidades de nuevo por tus proyectos realizados.
Un beso