domingo, 21 de febrero de 2010

TRAVESÍA DE LA MUJER ALZADA

Ideas proyectos de yo otra me bullen muy dentro. Sueños efervescentes se me agolpan en el rígido cuerpo recipiente. La cabeza olla a presión girando pensamientos. Yo que busco la válvula de escape que libere el vapor pestilente. Y nada.
Quiero contar espacios vividos en la América que me retuvo. Viajes pasados que se desdibujan a golpe de nostalgias. Y se hace de nuevo el miedo a no saber decir lo sentido; el temor a la decepción tras selvática; el vértigo a errar el trazo de las palabras requeridas para el tránsito. Y la vergüenza.
Lo pienso un segundo y arrincono el pudor para lanzarme con descaro a decir mi intermitente travesía entre Quito y Santo Domingo; a narrar, desde la impresión otra vez, un trozo de viaje adentro que vuelve a ser, tiene que ser, para Sergio.

A Sergio Astorga y Helena Braga,
amigos que me alzan del suelo.

Casi una hora de trole hasta llegar a la estación del sur. Las 6:30 de la mañana y el inmenso edificio de factura moderna y claridad extrema es un hervidero de gentes en movimiento perpetuo. Subo por la amplia rampa marmórea a la zona de compra de billetes y cuando al fin encuentro la ventanilla que anuncia viajes a Santo Domingo, la joven amable me informa de la salida de buses en intervalos de diez o quince minutos. Siento que estoy en un país en movimiento y decido esperar a mi compañero antes de comprar el boleto. Regreso, entonces, a la planta baja en busca del café ansiado y me sumerjo en el patio de comidas de Quitumbe, pero esa es otra historia, otro mundo, otro viaje. Tomo el café como si en mi casa estuviera, y vuelvo a ascender.
Tres horas de bus pegada a la ventanilla entre pasajeros durmientes. El descenso de la cordillera occidental es brusco y por momentos me siento en un tobogán gigante. Un leve mareo me sobreviene pero no hay lugar para el miedo en la curiosidad que me habita. Miro fuera. Miro, como quien desea beber de un trago la vida entera, buscándome en la floresta. Pronto aparecen las conocidas plataneras y las casas del camino se visten de colores y el aire se llena de familiar humedad.

En una curva del camino se me viene dentro la imagen nítida de lo por suceder. Y con igual presteza se desvanece.
Llegamos a Santo Domingo a las 10 de la mañana. Café, y taxi al instituto. Trabajo, diálogo, intercambio de ideas, aprendizaje. Hombres y mujeres reservados, de mirada esquiva y gesto desconfiado entre los que destaca A., hombre grande, alto en tamaño y gesto, rudo de manos y provocador de mirada.
La reunión termina y A. nos invita a recorrer las tierras del trabajo cotidiano. Así caminamos bajo el sol velado hasta las cochineras, yo tras él presintiéndolo animal herido, jefe de manada sin nada que perder. De pronto se vuelve y me mira fuerte. Chilla entonces la cerda recién parida contra nuestra presencia. El cuerpo me dibuja una sonrisa mamífera. Los ojos se me clavan en la camiseta blanca que le absorbe el sudor bajo la camisa. Acepto el reto y se abre el juego. Queda meter las manos en pilas repletas de lombrices, fotografiar cuyes que en breve comeremos, caminar entre abejas, hundir los pies en el barro bajo las balsas, cortar palma, compartir agua.
Termina la jornada y A. se ofrece a guiarnos a un hospedaje para el descanso nocturno. El suelo está húmedo de trópico cuando resbalo y sus manos me apresan veloces elevándome. Se hace vida la imagen y sobrevuelo la tierra pisada flotando como niña a quien su padre eleva.
Estoy en Santo Domingo de los Tsáchilas. Mañana volveremos al trabajo. Las firmes manos de A. permanecen hincadas en mis costillas. En un breve instante me vivo, yo, mujer alzada.


35 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

A. El Resucitador.

Que bien.

Besos.

Gemma dijo...

Y qué bueno tener un A. que te sostenga cuando precisas. ;-))
Un beso
PS: Tienes que seguir contándote y narrándonos, ¿vale?
Otro beso

iliamehoy dijo...

Cada instante de ese viaje, estalla de vida, de ganas. intento vestirme de ti, para sentir esa selva, con lombrices y agua recorrerme las venas. Sé que no puedo, porque eso es indiscutiblemente tuyo, como las palabras que lo amparan.
Una sonrisa

Isabel Romana dijo...

Me gustó mucho, mujer alzada. Hay ahí un momento de esplendor... Siempre fascinantes tus historias. Un abrazo.

MCruz dijo...

Mi querida Izaskun, siempre te leo,te visito, te persigo por el blog y me siento en contacto. Me conmueves tanto cuando escribes, que me acurruco en ti, me dejas sintiendo y no soy capaz de escribir una palabra y dejarte un comentario. Pero hoy me has alzado a mi también y deseo decirte que te abrazo y que beses y beses a todos los de tu casa de mi parte.
Uno especial para Mase mañana.

Arruillo dijo...

Un viaje no tendría sentido si no se vive de diversas maneras, si no se siente en diversas etapas, si no se recuerda cada instante como algo mágico, si no se transmite como lo haces tú. Cuántas y cuántas imágenes que se nos van grabando, que van formando nuestro auténtico curriculo vitae.
Un abrazo, Izaskun

Maribel dijo...

Maravilloso, necesito una foto de A.
Me has hecho sentir hasta la tierra húmeda. Eres genial.
Y preciosa también la dedicatoria a Sergio y Helena.
Besos.

Adanero dijo...

Estimada mujer alzada,
debería usted escribir más. Que no mejor.
Se agradece leerla y acompañarla en sus viajes. Aunque no sean físicos.

Al leer su entrada me vino a la cabeza una música. Un sueño en la floresta, de Agustín Barrios. Una deliciosa pieza para guitarra. Y oiga, que la música y su escrito me casan a la perfección. Parecen la una inspirada en la otra. Debería escucharla.

Y que el tal A. es un tipo con suerte. Me da una envidia tremenda.

Besos alzados. Que no robados.

sergio astorga dijo...

Mi querida Izaskun, aire quisiera ser, aire nocturno y en sombras ser el intervalo del silencio y el sudor de los pasos perdidos.

La fiebre y la entraña sabes que transitan entre tus textos. Me gusta mucho ese ritmo íntimo de alcoba; es tu viaje interior el que palpita. Húmedo es el ojo con que miras. No hay movimientos innecesarios, has segado tu texto finamente.

Es mas tu bondad la que levanta el vuelo. Yo soy solo el alacrán que clava su aguijón.

Gracias por hacerme sentir útil, aunque muerda.

Un abrazo que me alce.
Sergio Astorga

marisa dijo...

"En un breve instante me vivo yo, mujer alzada"...me dejas sin palabras, y me quedo acurrucada en tu texto, y quiero, quiero, preciso tener siempre alguienm que me alce en las derrotas.besos, mi querida amiga.

Ascot dijo...

Hola, me gusto tu blog, y en especial esta entrada,estaba pensando en poder compartir tu blog con las personas que visitan mi pagina y pense en la opcion de intercambiar enlaces de pagina, te dejo mi direccion http://ascot.ws El Mundo En Tus Manos para que la veas y si estas interesado podemos hacer el intercambio, Saludos.

Ciberculturalia dijo...

Todo el relato del viaje es espléndido querida Izaskun, querida mujere alzada.
Un beso

ybris dijo...

Bien se ve que aprovechas a fondo tus viajes.
Y que sabes apreciar bien a quienes te sostienen y apoyas.

Besos.

Helena dijo...

Minha Querida Izaskun,

Tenho que me vou desculpar com o atraso em agradecer a honra que nos das (estou num teclado americano, sem cedilhas, sem acentos).
Lemos o teu texto mal saiu e prometemo-nos tornar a ler para saborear e depois escrever.
Partilhar planos contigo e' um gosto muito grande. Oxala tenhamos muitas concretizacoes. Temos muitos planos nesse sentido.
Quanto ao relato da tua primeira epopeia deixa-me envolta em calor e humidade e com muita vontade de continuar a percorrer o teu caminho. Sei que estiveste aqui na America, mas ha algo que me lembra "Africa Minha".
Um grande beijo e obrigada.
Helena

Isabel Romana dijo...

Pasé de nuevo a verte. Besos.

Eva- La Zarzamora dijo...

Echo de menos tus relatos. Dísfrúta a fondo y sigue trayendo más sensaciones como estas.
Sí, te siento alzada con mayúsculas.

Besos.

NáN dijo...

Ah,yo había dejado un comentario, pero no está. Me pasa mucho, lo de pulsar el botón equivocado.

Te venía a decir, creo, que tú te alzas sola.

Sigue contándonos.

siempreconhistorias dijo...

Solo instantáneamente, querdio Toro, que ya sabes que para resucitar cenizas hace falta una ráfaga de amor más que dos brazos que alcen. Pero lals vistas eran fantásticas.
Beso.

siempreconhistorias dijo...

Más que bueno imprescindible, Gemma querida. Claro que una hace trampita y se inventa a un Antonio cualquiera que la eleve, pero esa es una de las ventajas de narrar sin estar bajo juramento.
Que muchas gracias por animarme, Gemma escritora. Que me cuesta y recuesta pero lo seguiré intentando.
Besos.

siempreconhistorias dijo...

Puedes, Ilia querida, puedes porque tu sensibilidad te permite entrar más allá de cualquier pellejo.
Un beso muy muy fuerte.
Y un abrazo selvático.
Y una sonrisa sincera.
Cuídate.

siempreconhistorias dijo...

Ay, maricruci querida. Te tengo abandonadita, como me tengo. Tengo que llamarte que ya estoy en casa? Y no me digas esas cosas tan bonitas que me ponga a llorar y a moquear como una estúpida y a recordar y a querer y...
Beso gigante para ti que sí eres una mujer alzada. La mejor. La más querida. La más delicada.
Un beso de todos tus admiradores chicos y grandes.

siempreconhistorias dijo...

Muchísimas gracias, maestro Arruillo. Ya quisiera yo más viajes y mejor contados. Pero sí. Coincido en que hay que vivir y aprender. Y una es muy mochilera hasta sin parecerlo.
Besos.
(A N. más)

siempreconhistorias dijo...

Querida Maribel, con amigas como tú da gusto. La tierra húmeda es para sentirla, sí.
Un abrazo fuerte fuerte fuerte.

siempreconhistorias dijo...

Querido Adanero. Hice los deberes y escuché la música, en efecto deliciosa y que me pareció también a mí adecuada. Me temo que entre mis muchos defectos está el pensar en vacío, sin banda sonora, con olores, puede, con desgarros, pero sin sonido. Creo que sueño como sorda. ¡No lo sé!
Y que no sea usted envidioso que alzarme a mí es toda una proeza muscular.
Y que besos y gracias por comentar.

siempreconhistorias dijo...

¡Un aguijón necesariio, Sergio! ¡Tú sabes cuánto!
Gracias siempre.
Siempre.
Abrazo de mujer agotada hoy.

siempreconhistorias dijo...

¡Demasiadas derrotas, Marisa! Llevarlas con la dignidad que tú propones se convertirá en mi bandera. (Espero).
Gracias gracias gracias.
Siempre.
Besos,

siempreconhistorias dijo...

Muchísimas gracias, Carmen. Me animan mucho tus palabras de mujer informada y que me informa, viajada y que me viaja, culta y que me culturiza.
Muchas gracias.
Un abrazo,

siempreconhistorias dijo...

Perdón, Ascot, me salté el comentario. Le agradezco la visita y lo visitaré, pero por ahora creo que esta casa me queda grandota.
Un saludo,

siempreconhistorias dijo...

Querido Ybris, contar con tus palabras es un privilegio que nunca cesaré de agradecer.
Un beso.

siempreconhistorias dijo...

Querida Helena,
Nunca es tarde para recibir tus palabras en esa lengua que de ti saboreo y amo. No quiero crearte obligaciones por dedicarte cosas, pero sí deseo que conozcas el orgullo que siento por tu amistad y la admiración que te profeso. No he estado en África (o casi) aunque tengo algún amigo africano. Creo comprenderte, y estoy de acuerdo contigo. En mi viaje, en mí, hay algo de eso.
Muchas gracias por escribir.
Un abrazo muy fuerte.

Paco Piniella dijo...

Un día tendrás que hablarnos del aeropuerto de Quito y de cómo se "acongoja" para subir al mismo. Yo aterricé a la segunda ocasión, en el primer intento por poco nos estrellamos. Pero Quito es impresionante, yo venía de Guayaquil y las iglesias quiteñas son lo más.
Saludos y que sigas con tus historias tan interesantes.

siempreconhistorias dijo...

¡Te salté a ti también,querido Nano!De esta parece que no me alzo. Pero igual te agradezco la confianza y el impulso que conlleva.
Un beso fuerte.
A los dos.

siempreconhistorias dijo...

¡Ay, qué lío!
Si es que no te había saltado sino que...Bueno,que muchas gracias por la revisita,Isabel amiga.

siempreconhistorias dijo...

Yo me encuentro nanometrada, con minusculillas, querida Eva. Pero debe ser que me estoy volviendo refranera y entonces aquello de a mal tiempo... ganancia de pescadores.
Un abrazo fuerte.

siempreconhistorias dijo...

Bienvenido a estos océanos historiados, amigo Paco. Algún día tendré que intentarlo, sí, que aunque solo aterricé tres veces en Quito lo cierto es que acojona bastante.
Muchísimas gracias por comentar.
Un abrazo,