miércoles, 12 de noviembre de 2008

Pablo

Tengo que hablar de ti, Pablo. Necesito hacerlo y no sé de qué modo, y tengo miedo.
Pero lo haré, de todos modos, porque si no lo hago reviento.
Querido Pablo:
Hace ya dieciocho años que me sostienes la mirada. Nadie lo ha hecho tanto tiempo y con tanta constancia como tú, con esos ojos limpios y directos que no me fallan. Te conocí en 1990, cuando regresé a esta isla de mi nacimiento, y desde entonces he contado simpre con tu mirada-soporte. Al principio fue raro, casi no me hablabas y tus ojos se me clavaban con una mezcla de enfado (yo había desplazado a Yolanda) y esperanza. Después me acostumbré, nos acostumbramos creo, a la mirada franca cada mañana. Me acercaba al destino diario sabiendo que tus ojos me esperaban y me exigían. Y nunca me sentí defraudada.
Sé que yo sí te defraudé a ti. Y supongo que sabes cuánto lo padecí y lo siento. Te traicioné, con mi boda primero, y con mi incapacidad, después. La boda pasó. El silencio de la ayuda que no te di en aquel diario no me lo perdonaré nunca... Y sin embargo tu mirada volvió y cuando cenamos este verano y nos mostraste tus trabajos circenses, y brindamos con un tinto no del todo aceptable, y subiste a mis hijos sobre tus hombros,... cuando me recordaste silencioso que llevas dieciocho años mirándome; entonces, mi yo resucitó.
Querido Pablo, en 1990 eras un bellísimo niño de cuatro años, con los mocos colgando, y los ojos en mí clavados. Ahora eres un hombre alto y musculoso que amplía sus estudios en Francia. En 1990 yo era una seño con muchas ganas y ahora una mujer reventada. Hoy, Pablo, como ayer, cada vez más, soy una persona que se honra de haberte conocido y disfruta de tus presencias cuando vienes y de tus recuerdos siempre. Gracias, Pablo, porque cuando vienes y llamas, y cenamos, o nos vemos en una plaza, o tan sólo hablamos por teléfono; cuando te ríes con Adalberto, Tomás y Ana; cuando me tomas de la mano o me alzas en brazos; cuando me cuentas y me reclavas los ojos... entonces, Pablo, sé que volver era, para mí, necesario.
Gracias, Pablo.

12 comentarios:

sergio astorga dijo...

Izaskun, tu texto me ha clavado la mirada.
Gracias.
Un abrazo ciego
Sergio Astorga

siempreconhistorias dijo...

Y tu mirá, se ma clava en los ojos, como una espá...
No te ciegues, Sergio, que necesito guía.
Un abrazo desvelado.
Izaskun

Raquel T. dijo...

Generosa Izaskun, sincera Izaskun... Explicas y compartes un trozo de tu sentir, un trozo de vida, y eso es valiente y de enorme humanidad. Creo que ya te dije que eres una "reina", ¿verdad?... Pues lo reitero.
Abrazos en genuflexión.

siempreconhistorias dijo...

Tus palabras contribuyen a hacerme humana, Raquel.
Gracias, muchas gracias.
Abrazo fraternal.

Triana dijo...

A la "Lole" se le clavaba como una espada la del "Manué", pero creo que estas miradas son mas de miel que de acero.

Gracias Izaskun por derramar ternura cada día.

Un abrazo de algodón de azucar.

PIZARR dijo...

Caramba Izaskun, de nuevo me dejas pegada a la silla en esta madrugada en la que una gripe criminal me impide acostarme porque me ahogo de tanto toser.

Como cuando hablaste de Marta.

Que pedazo profesora has debido de ser para todos esos niños.

Un beso grande

Por cierto... sepa usted, que será en parte culpable si al final mi casa se hunde del peso acumulado de los liros que alberga. Porque desde que te conozco han aumentado considerablemente... jajaja

siempreconhistorias dijo...

Y se me rebela la máquina que no me permite la respuesta, Triana. Te comentaba (espero que esta vez entre) que escuché mucho a Lole y Manuel tiempo ha y que siempre voy murmurando "...Y tu mirá...", o "... el callejón del agua" y que muchas gracias, siempre, por tus visitas y tus comentarios.
Un abrazo meloso.
Izaskun.

siempreconhistorias dijo...

Querida Pizarr, espero que tu gripe haya decidido abandonarte (si hay algo que no soporto es la tos persistente, aunque hecho de menos fumar, todavía). Creo que la suerte con mis añumnos, con muchos, ha sido mía y me alegro de todo lo compartido. Respecto a los libros no puedo decirte que me envíes unos cuantos porque este pisopequeño está a punto del derrumbe, pero espero que los estés disfrutando. No me has dicho nada del árbol rojo y creo que te encanta(rá).
Mil gracias por todo. Cada vesz me reconozco yo más en ti, también.
Abrazo hondo.
Izaskun.

Dédalus dijo...

Qué bonito, Izaskun. Pequeños y sinceros homenajes como este que dedicas a Pablo, tienen un valor incalculable. Al final, los afectos como el que le profesas, terminan por resumir extraordinariamente bien lo que es nuestra vida.

Un beso,

PIZARR dijo...

Veo que me aclaras que se trataba del arbol rojo... como acabo de decirte en la otra entrada lo tengo y me encantó...


Gracias Izaskun

siempreconhistorias dijo...

Gracias por tu comentario, Dédalus. Si creo que la vida se construye con estos afectos.
Un abrazo.

siempreconhistorias dijo...

También yo tengo los dos libros, Pizarr y el árbol rojo me resulta imprescindible.
Un beso.